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El “nuevo” protocolo IP

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En la veloz sociedad de la información llamar a un protocolo nuevo después de varios años no tiene mucho sentido, sin embargo la utilidad del IPv6 sigue siendo novedosa. Antes de su aparición, Internet estaba estancado en una red cuyo diseño se remontaba a principios de los años 80. El crecimiento desorbitado que se ha producido en los últimos años, no solo en el número de usuarios sino también en el número de aplicaciones disponibles para conectarse a la red, habían saturado prácticamente el espacio.


El la versión 6 del protocolo de internet proporcionó el espacio necesario para continuar con la expansión imparable de la red y del desarrollo web. Además, esta versión también permitía mejorar la interconexión de subredes con diferentes tecnologías.
El IPv6 ha solucionado el problema del agotamiento de direcciones y el colapso de routers debido a la explosión de rutas. Uno de los aspectos fundamentales que aporta este protocolo es la incorporación de mecanismos que permiten la conexión automática de equipos a la red.
El principal problema al que se enfrentó el IPv6 fue el tránsito de un protocolo a otro. Por ello, los creadores idearon un método que permitía la coexistencia entre el protocolo anterior y el nuevo. De esta forma, los sistemas que incorporaran IPV6 podían procesar paquetes IPv4.
Puede que para algunos esto suene a los tiempos de la abuela cebolleta, ya que en 2000 ya se empezaba a hablar de esta posibilidad, pero no debemos olvidar que este protocolo ha permitido que hoy podamos conectarnos a internet desde los aparatos más insospechados y que el móvil sea el segundo medio a través del cual la población se conecta a internet. El desarrollo web en todos los campos mejora nuestra vida, pero en este aspecto jugó un papel indispensable para el desarrollo posterior de la red.

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