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La afición desmesurada al Photoshop de algunos fotógrafos

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Hace no tantos años, los fotógrafos solían pasarse horas revelando carretes en un cuarto con poca luz acondicionado para ese menester. En la actualidad esta práctica ha tomado un cariz bastante distinto: los fotógrafos han cambiado ese cuarto oscuro por el retoque digital. La principal herramienta de los profesionales ha pasado a ser el ordenador, que simula un auténtico laboratorio fotográfico.



Cursos, técnica, tutoriales… Todo un sin fin de tácticas para que los fotógrafos se conviertan en auténticos artistas – más si cabe -, utilizando un instrumento común: el Photoshop. A pesar de los evidentes avances y mejoras que el photoshop realiza en las fotografías, algunos fotógrafos son al Photoshop lo que Nicole Kidman al bótox: auténticos adictos.

Sobre todo en fotografía publicitaria y de moda, los profesionales de la fotografía realizan retoques a modelos que, en muchas ocasiones, ni siquiera lo necesitan. Bastaría con mejorar la luz y otros aspectos formales de la fotografía, pero retocar a la modelo, no. Muy sonado fue el caso de la campaña de Ralph Lauren, donde los encargados de la fotografía retocaron hasta la saciedad a Philippa Hamilton.

Otros casos en los que las modelos aparecen sin ombligo, con un solo brazo o con una mano de otra persona por encima del hombro son ‘pequeños lapsus’ que algunos cometen a tenor de las prisas, en el grueso de los casos. Lo cierto es que el Photoshop es una herramienta perfecta e ideal para retocar fotografías y dotarlas de gran calidad. Una fotografía mediocre puede convertirse en un premio gracias a este programa. Pero como todo, en exceso es nocivo.

Por ello, los fotógrafos deben tener cuidado con los retoques que realicen. Siempre que mejoren la realidad sin deformarla, estará bien utilizado. Pero crear otras personas o paisajes es una práctica desmedida. A no ser que sea precisamente eso lo que se pide.

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